Efectivamente, ya estamos, y casi sin darnos cuenta, en 2020. Un año que numéricamente suena bastante bien, aunque no sea ni primo, ni impar, ni capicúa, ni presente especiales conformaciones estéticas.

Pero dicho esto, se trata de un año más, ¡nada menos!, que nos presenta la vida para que lo exprimamos cariñosamente y obtengamos de él todo lo que nosotros, a su vez, podamos cultivar. ¡Y cuántas cosas se nos pueden ocurrir a propósito de esta singladura anual! Pues multitud, porque tenemos delante un estupendo y desafiante libro en blanco, aunque ya estemos metidos en enero, y en el que plasmaremos triunfos y fracasos, luces y sombras, alegrías y tristezas.

Todo eso y mucho más vamos a ser capaces de soñarlo, procesarlo y lanzarlo a la vida. Y al final del 2020, si somos serios, también deberemos examinarlo con cariño y con responsabilidad. Para ello es necesario no perder la visión de futuro, porque la mirada debe permanecer atenta a la meta, a pesar de las vicisitudes de la empresa personal.

Pues desde esta atalaya colegial de Santa María del Mar, en la que pasamos tantas horas al cabo del día y al cabo del año, os animamos a vivir este 2020 con la ilusión que nos regala la vida, que es tanto como decir que nos la envía Dios, el mismo, Dios hecho hombre, que hace relativamente poco ha nacido en Belén, o en cualquiera de nuestras casas, da igual. El mismo, también, que comparte nuestro pan y nuestras risas de cada día. Que no nos falten en este año.