Aspectos básicos de la identidad de un  centro de la Compañía de Jesús

(del Carácter Propio de los Centros Educativos de la Compañía de Jesús)

  • La Compañía de Jesús asume la tarea educativa como una participación en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por eso sus Centros ofrecen a la sociedad una clara inspiración cristiana y un modelo de educación liberadora y humana.
  • Asimismo, presenta sus centros como Comunidades Educativas, promoviendo con los miembros que la componen un sistema responsable de participación, y compartiendo con ellos su herencia espiritual y educativa.
  • Los centros de la Compañía de Jesús, atentos a la evolución de la sociedad y a las situaciones de creciente desnivel socioeconómico, desean promover en los miembros de la Comunidad Educativa: los derechos humanos; la solidaridad nacional e internacional; la defensa de la naturaleza y el medio ambiente; realizar una proclamación responsable del Evangelio, de modo que este alumbre los aspectos estructurales y culturales de la sociedad en los que están incrustadas las raíces de la injusticia.
  • La Compañía de Jesús, consciente de que no es posible el servicio de la fe sin promover la justicia, entrar en las culturas y abrirse a la comunicación interreligiosa; desea hacer de sus centros, ámbitos de diálogo, en los que se recogen las inquietudes y peculiaridades de nuestra cultura, se ofrece con honestidad y rigor las respuestas de la fe, y se ayuda a las personas a madurar con talante de diálogo.

Santa María del Mar como centro de la Compañía de Jesús

Santa María del Mar está integrado en la red educativa de la Compañía de Jesús. Todos sus centros se inspiran en la experiencia de San Ignacio de Loyola e intentan traducirla en un modo de educar propio. Así, en primer lugar, en una experiencia cristiana. Ignacio de Loyola parte de una vivencia personal de Jesús como ser humano y, por esa razón, nada de lo que es humano se puede excluir como profano. El Colegio quiere que sus alumnos desarrollen al máximo sus capacidades humanas, físicas, intelectuales, artísticas y técnicas; que sepan pensar; que sean críticos; que dominen las técnicas; que tengan, en una palabra, las claves que les permitan leer el tiempo que les tocó vivir.

En segundo lugar, es una experiencia de libertad interior. La reflexión sobre su existencia llevó a Ignacio a caer en la cuenta de que servir a Dios, a los demás y al mundo exige una persona interiormente libre. Por eso, en el Colegio intentamos educar a nuestros alumnos en el saber discernir y tomar decisiones con espíritu libre; en la aceptación de sí mismos y de los demás tal como son; en hacer posible su desarrollo como personas que se hacen desde dentro de sí, que se valoran por la fuerza y calidad de sus motivos, de sus razones para vivir. La experiencia pedagógica jesuítica requiere discernimiento, es decir, reflexión sobre lo vivido sacando las conclusiones pertinentes o introduciendo adaptaciones nos sus modos de servir mejor allí donde haya más necesidades.

En la vida de Santa María del Mar realizamos este discernimiento en la evaluación de lo qué hacemos, de los métodos, de la pedagogía, y de todos aquellos elementos del ambiente escolar, para descubrir los medios que mejor nos ayuden a realizar las finalidades de nuestra tarea educativa.

Además, esta experiencia ignaciana lleva consigo un impulso radical de comunicación y de servicio a los demás. Santa María del Mar, como cualquier otro centro educativo de la Compañía de Jesús, no tendría sentido si no intentara que sus alumnos vivan y sean para y con los demás; que busquen el máximo desarrollo de su personalidad, no en competición con los otros sino en solidaridad con ellos; que sean sensibles la cualquier forma de deshumanización e injusticia y que actúen en consecuencia.